Un domingo cualquiera.
A ver cómo explico esto:
El domingo pasado hicimos el gilipollas una sesión de fotos para cierto programa piloto en el que estamos trabajando, ¿vale?.
La cosa consistía en vestirme de mamarracho turista en distintas zonas representativas de Madrid, ¿ok?.
Pero en el Oso y el Madroño, un abuelo lunático misterioso se acercó y decidió posar a mi lado. Y quedarse ahí. Hierático. Solemne. Sin ninguna razón aparente. Uhm, ¿está claro?.
Porque yo todavía no lo tengo nada, nada claro.
Las gafas de sol y la falsa sonrisa ocultan el terror de mi mirada.

















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